Uno intenta - como puede - sonreír, demostrar que se
encuentra bien y que todo pasará. Racionaliza la situación y seca las
lágrimas. Se hace a la idea de que nada es eterno y mucho menos seguro -
sólo la muerte -, pero no olvida…y es obvio que no olvidará, porque se
quiere con la mente, las emociones, los procesos fisiológicos, los
procesos mentales, el corazón, el hígado, la piel, los labios, la nariz,
los ojos…y hasta el alma; cuando de verdad se quiere, se quiere hasta
el alma, y uno intenta - tontamente - olvidar…
— Malaci (Frida del alma mía)
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