sábado, 30 de agosto de 2014

El dia que...

El dia que...
El día que empecé a quererme, dejé de necesitar culpables. No tuve más necesidad de lanzar mis miedos a la cara de nadie. No fue preciso justificarme ni reprochar. Descubrí que la vida era inocente y no conspiraba contra mí.
El día que empecé a tenerme en cuenta, de repente no estuve ni encima ni debajo de nadie. Mis principios eran los míos. No necesitaba defenderlos ni imponerlos. Ni siquiera precisaba perpetuarlos en el tiempo, porque podía ir adaptándolos a mi crecimiento vital. Descubrí que no requería aprobar ni ser aprobado.
El día que empecé a considerarme mi propio compañero, no volví a estar solo. Ya no fue necesario mendigar reconocimiento ni sacrificar mi esencia. Me liberé de la necesidad de sentirme arropado y, paradójicamente, encontré más abrazos que nunca. Descubrí que, en realidad, la soledad medía mi propia ausencia.
El día que empecé a decir no cuando lo necesitaba y sí cuando lo sentía, dejaron de ser importantes los asentimientos o las negaciones. Entendí, a un nivel profundo, que el respeto no era fidelidad inquebrantable. Descubrí que cada entrega incondicional, estaba ocultando múltiples condiciones.
El día que empecé a ser yo, tomé conciencia plena de que no sabía quién era. No fue preciso tener una respuesta elaborada o un plan fijo. No fue necesario, nunca más, poseer certezas plenas. Y desde esa ignorancia patrocinada, comencé a ser un poco más sabio. Descubrí, que cuando me permitía vaciarme, estaba abriendo espacio para poder llenarme de cosas nuevas.
Sé que me quedan muchos nuevos comienzos en muchos días nuevos. Cada uno de esos días, una parte de mí morirá para que otras den a luz.
(Luis Bueno)


martes, 26 de agosto de 2014

soledades

[...]con esta soledad

inservible

vacía

se puede algunas veces

entender

el amor.

Luna congelada  Mario Benedetti


http://www.saudaderadio.com/2014/04/luna-congelada.html

martes, 29 de julio de 2014

complete


“You don’t need another human being to make your life 

complete, but lets be honest. Having your wounds 

kissed by someone who doesn’t see them as disasters 

in your soul, but cracks to put their love into is the 

most calming thing in this world.”

– Emery Allen

viernes, 25 de julio de 2014

The battle is in our thinking.

The first place we lose the battle is in our own thinking. If 

you think it’s permanent then it’s permanent. If you think 

you’ve reached your limits then you have. If you think you’ll 

never get well then you won’t. You have to change your 

thinking. You need to see everything that’s holding you 

back, every obstacle, every limitation as only temporary.


— Joel Osteen 

LAS NIÑAS QUERÍAMOS SER PRINCESAS

Porque nos obligaron.
Porque, desde pequeñitas, nos pusieron coronas, vestidos de tul, ropa que no nos dejaba jugar, porque no la podíamos manchar. Nos dijeron “qué niña más guapa” tantas veces, que nos creímos que era lo que importaba.
Y nos chutaron dosis diarias de príncipe azul, y así nos hicimos yonkies del amor, y aprendimos a necesitarlo para vivir.
Las princesas son guapas, están asustadas y se enamoran del primero que las salva. Y del segundo, y del tercero. Y esperan, encerradas en su torre, sin hacer nada para escapar de ella.

Y nosotras aprendimos a ser como ellas.
Aprendimos a obligarnos a ser guapas, que significa fracasar eternamente en intentar parecerles guapas a los demás.
Aprendimos a esperar a que el príncipe azul nos solucionara la vida, que significa construir nuestra existencia en torno a la idea de conseguir y mantener una pareja, y a sólo así sentirnos completas.
Aprendimos que estas dos cosas eran una pelea, que significa sentirnos amenazadas por todas las mujeres que nos rodean, no vaya a ser que sean más guapas, o que su torre le pille al príncipe más cerca.
Aprendimos a querernos poco, y sólo a costa de lo que nos quisieran otros.

Quedaos con mis vestidos de tul, mi príncipe azul, mi espejo y mi corona. Quedaos con mis complejos, mis miedos, mis vacíos y mis celos. Quedaos con todo eso que me habéis impuesto, que no lo quiero.
Porque necesito sitio para las botas, los libros, los cuchillos, los vasos y los ceniceros. Para los bolis, las fotos, los bocadillos y mis cuentos. Para los condones, la bici, los pinceles y los baberos. Para las cazuelas, los periódicos, el martillo, los clavos y los ligueros. Para bailar, correr, descansar y tirarme en la hierba a ver pasar el cielo. Para mis sueños, mis desastres y mis deseos. Para fracasar y empezar otra vez con mis proyectos. Para mis amigas, mis ligues, mis mujeres admiradas y mis no quieros. Para mi vida, al margen de lo que me aprendieron.
Quedaos con mi reino. Que a mí me hace falta sitio para el mundo entero.

http://www.faktorialila.com/index.php/es/portada/82-faktoria-lila-web/blog/166-las-ninas-queriamos-ser-princesas

Vengas cuando vengas

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